Acabar una porción importante de una novela, al menos en su primera escritura, cansa, tanto más a un espíritu ruin en el esfuerzo como es el mío. No hay satisfacción (no puede haberla, es un material que todavía está muy en bruto, algo que hay que pulir y que sabe Dios cuándo estará presentable) sino alivio: una cosa menos. Además, para un escritor sin editor, escribir algo así, algo con intención de ser publicado y ojalá, leído, sabiendo que es bastante probable que no se publique nunca, la tarea se torna aún más íntima e incluso mística: es como torear de salón, imaginando las ovaciones. O los almohadillazos. En fin. La cosa es que la nave va. Empecé en noviembre. Sus primeras cien páginas y pico ya están escritas. No en vano, este dietario (¡otro blog más, otra plataforma más! Temo ser un fetichista de estas historietas) nació para consignar esos avances. Ahora no sé para qué lo tengo. Pero como lo tengo, lo uso.

En estas cien páginas he podido transitar un poco por París y otro poco por Roma, fabulándolas e inventándomelas a mi parca manera. Eso es todo lo que puedo decir hasta el momento. Hace un día estupendo para ganar una Liga pero sospecho muy fundadamente que el Madrid la va a perder: el establishment no le ha dejado. Como tampoco puedo ver el partido con quien yo quisiera, me voy a vestir y voy a pasear al sol por la playa hasta encontrar mi Central Perk, y beberme unas cervezas, acolchando el alma para el golpecito atlético.

Estoy escribiendo una novela y tengo un blog. https://cartasdelmediodia.com/

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